El 1 de enero la liturgia de la Iglesia nos presenta la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. A los ocho días de la solemnidad de Navidad, nuestra mirada se dirige a la Virgen Madre. La maternidad divina de María es el origen y la causa de todos los privilegios con los  que fue adornada la Virgen María. Si fue Inmaculada desde el inicio de su concepción, si fue llevada en cuerpo y alma al cielo al acabar el tránsito de su vida mortal, fue debido a que Ella, mediante su SI a Dios, aceptó llevar en su seno y ser la Madre de Cristo, el Dios hecho hombre. No hay mejor ejemplo al comenzar el año que dirigir nuestra mirada a María, y rogarle que, a lo largo del año que comenzaremos, nos guíe y que con su ayuda sigamos cada vez con más intensidad a su Hijo, el Señor Jesús.

Y el 1 de enero también celebramos la Jornada mundial de oración por la Paz, instituida por el Papa San Pablo VI. El día de Navidad oímos como el profeta Isaías nombraba a Jesús como «Príncipe de la Paz». Los ángeles, al anunciar a los pastores el nacimiento del Mesías, dijeron: «Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad». Hemos de pedir incesantemente por la paz en el  mundo.

El Papa Francisco, como todos los años, ha firmado un mensaje para esta jornada, titulado LA PAZ COMO CAMINO DE ESPERANZA:
DIÁLOGO, RECONCILIACIÓN Y CONVERSIÓN ECOLÓGICA, 
que podéis leer pinchando aquí.

 

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