Con motivo del domingo del Buen Pastor, que se celebra el IV Domingo de Pascua (este año el 3 de mayo), nuestro párroco Sebastián  Pedregosa ha remitido una carta a todos sus feligreses. El texto íntegro de la carta dice así:

Carta de nuestro Párroco a la comunidad parroquial con motivo del día del Buen Pastor.

CUANDO NO SE TIENE A DIOS PRESENTE

¡CUÁNTO YERRA EL HOMBRE!

     Por ateo entendemos a todo aquel que niega la existencia de Dios que es otro tipo de religiosidad dado que se trataría de negar aquello que previamente es o se supone. La humanidad ha sido mayoritariamente creyente, lo cual no tiene por qué significar que la existencia de la religión se deba a que cumple una función vital. Podemos afirmar dentro de la fenomenología de la religión junto con Rudolph Otto y Mircea Eliade que el hombre es por esencia un ser religioso.

     Y por agnóstico [persona] que, sin negar la existencia de Dios, considera inaccesible para el entendimiento humano la noción de lo absoluto y, especialmente, de Dios. «Ser agnóstico depende de un razonamiento intelectual; lo que el ateo y el agnóstico no encuentran es el fundamento de la deidad». Tras de estos dos conceptos nace el Humanismo, el hombre por el hombre, que pone su confianza en la ciencia y en la técnica. Ambas realidades, que en principio son buenas, sin embargo no logran hacer desaparecer el fatalismo fundamental que vive el ser humano. De ahí las grandes diferencias que aparecen y sostienen a este mundo. Todo lo que no está al servicio del ser humano antes o después se convierten en elementos no factibles para lograr la felicidad de todos los seres humanos. De ahí las grandes diferencias entre Norte y Sur. ¿Qué falta? Dios.

 Realidad del hombre de todos los tiempos

     El ser humano a pesar de ser un ser experimentado sin embargo su experiencia está sometida al tiempo, al personalismo de cada uno y entre otras cosas a la cultura que acompaña al hombre al conocimiento, razonamiento y sentimiento que abre y ensancha las fronteras incalculables de su carácter cognitivo y ahí podemos situar la grandeza de todo un Dios, descubierto y revelado como Padre que no vive al margen del ser creado a su “imagen y semejanza”, sino que lo eleva y lo llena de poder y autoridad para que domine y perfeccione la tierra.

El ser humano se creció y se buscó asimismo

     Desde la torre de Babel hasta nuestros días nunca le faltó al ser humano como consecuencia del pecado (el egoísmo, egocentrismo, soberbia, orgullo) que les iban apartando de la voluntad manifestada por su Creador (sensibilidad, solidaridad, igualdad y fraternidad) incrementando el apetito de querer ser dios y es cuando el fracaso hace su presencia que le conduce a la impotencia de dominar todas las cosas. Ejemplos los tenemos a lo largo y ancho de la historia del ser humano e incluso muy recientes. Puede servirnos lo que la humanidad entera padece en estos momentos originando el miedo con el COVID –19.

Ni la ciencia ni la tecnología

     Para el hombre de nuestro tiempo engreído y confiado en su “a veces autoritarismo” ha llegado incluso a creer sólo en sí mismo y confiado en sus propias fuerzas. Nos creíamos capaces de todo y hasta teníamos tiempo de pensar en divisiones, separaciones, partidismos que nos ha conducido a crear bandos sociales en detrimento de buscar juntos el bien común y en consecuencia el desarrollo y bienestar social. ¡Cuántas torres de babel hemos fabricado! y como entonces nos ha sobrevenido la confusión de lenguas. No nos entendemos y mientras el enemigo, en este caso la pandemia que estamos viviendo en nuestras propias carnes, nos ha sorprendido en medio de tanta turbulencia social que nos ha dejado impotentes, desnudos y abocados a un malestar social y que sepa Dios hasta donde alcance. Y nos creíamos capaces, seguros, de qué?. Y encima hemos echado muchos de nosotros a Dios de nuestro entorno. No acabamos de aprender la historia del hombre a pesar de ser inteligentes. 

¿De nuevo el fatalismo?

     No estamos haciendo bien los deberes. La humanidad está necesitada de un auténtico “líder” que se comprometa a realizar una auténtica paz, unidad, libertad, justicia, reconciliación… porque cuántas pandemias padecemos y nos hacemos los despistados, miramos a otra parte como si no fuera con nosotros. Cuántas criaturas se pierden y ante esta realidad, qué hacemos?. Sólo desde la fe el hombre es capaz de reflexionar en pro de un humanismo más humanizante donde y desde el respeto y la dignidad de la persona pusiéramos al servicio de un mundo mejor no solo la ciencia y la tecnología (incapaces de resolver la problemática social por sí mismas) sino el corazón, la ternura y la actitud permanente de servicio basado todo en la voluntad del Creador. Todas las ideologías tienen su fecha de caducidad. Solo Dios permanece y el ser humano como imagen suya.

Sin pastor las ovejas se pierden

     Es más, ni habría rebaño. Hoy Jesús como siempre se presenta no solo como único pastor sino que al mismo tiempo es la puerta del redil. Él es el camino, la verdad y la vida. Se ha hecho incluso pasto para nosotros con su presencia real en la Eucaristía. Él es la gran respuesta del hombre de todos los tiempos porque ha redimido a la toda la humanidad de la peor pandemia que el ser humano puede padecer: el pecado. No sintamos miedo. Él nos acoge a través de su Iglesia; nos conoce y nos llama por nuestro nombre a abrir bien los ojos y a mostrar una transfiguración a fin de desterrar todos los males de este mundo como previo a esa vida eterna que nos espera porque Cristo ha resucitado y nosotros juntamente con Él.

     También celebramos hoy el día de nuestro pastor inmediato, nuestro sacerdote, que en nombre de Jesucristo nos cuida lo mejor que sabe y puede. Está a nuestro servicio e intercede por nosotros. Recemos por él. También celebramos el día de la Parroquia, nuestro mejor redil. Respetemos y amemos la casa de todos. Nunca podemos sentirnos satisfechos de hacer lo que hacemos por ella porque nos debemos unos a otros incondicionalmente como hermanos que somos. Que María, nuestra Madre y Pastora nos ayude con su presencia y con su gracia a decir siempre aquellas palabras que quedaron escritas en el corazón de toda la humanidad: He aquí la esclava del Señor, hágase en mi su Palabra. Un abrazo. Vuestro Párroco.

 

 

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